Tuve la chance de recorrer Nueva York y París (en ambos casos por segunda vez) y me encontré frente al gran dilema: ¿Qué ciudad me gusta más? Lejos de hacer una lista cargada de comparaciones, me senté en un café y llegué a una personal conclusión:

Hay ciudades que te dan y otras que te quitan…

Intentar comparar París con Nueva York sería un esfuerzo interminable. Son dos ciudades tan diferentes como deslumbrantes, sin mencionar que son dos de los destinos preferidos por los turistas de todo el mundo. Si bien a simple vista es fácil identificar que cada una tiene identidad propia, había algo en mi relación con ellas que no me era indiferente. Este viaje puso blanco sobre negro mis percepciones y me ayudó a comprender que Nueva York me da y París me quita.

Nueva York me lleva puesta. Cuando llego a la ciudad siento que me recibe a gritos de mil colores. Siento que no me deja pensar y apenas tengo reflejos para caminar entre sus calles.

Sirenas, luces, nieve, el vapor de sus alcantarillas, las decenas de líneas entrelazadas de su sistema de subterráneos, palabras en castellano, otras en inglés, taxis con pantallas de TV y un sinfín de cadenas de comidas rápidas que me recuerdan que ser vegetariana tiene sus complicaciones al momento de viajar …UFF!  Cuantas cosas! Ni bien comienzo a formar parte del todo, me toca hacer la valija para seguir ruta.

Luego de nueve horas de vuelo, allí estaba París…erguida y esbelta, orgullosa de su lengua y su estilo de vida.

París me ilumina pero no me encandila. Puedo pasar horas en un café o una librería sin necesidad de mucho más. Se deja observar confiada de saber que no necesita convencer a ningún turista de su belleza. Eso hace que París me inspire y saque de mí aquellas palabras, pensamientos, sueños que suelo tener en mi cabeza, escondidos en una rutina no me deja escucharlos. Escribo, escucho y hablo en un idioma que apenas aprendí. Con París manejamos los mismos tiempos y el diálogo es un poco más parejo.

El artista gráfico Vahram Muratyan volcó las diferencias entre estas ciudades de manera visual en su trabajo “París Vs. New York“.

Como leerán, no elijo a una ciudad sobre otra, sino que me elijo a mí en una u otra experiencia. En conclusión, los destinos nos modifican, nos transforman, nos invitan a vivir y sentir tantas cosas…