Cuando empezamos a escribir este post, teníamos dudas sobre el enfoque que le íbamos a dar. Por un lado queríamos contar las bondades de la ciudad Bolonia, cuna universitaria por excelencia al norte de Italia. Y por el otro, relatar la hermosa experiencia que vivimos en un hotel que brilla más por sus detalles que por sus estrellas. Así que decidimos unificar dos artículos en uno.

Una casualidad

Luego de una estadía maravillosa en Turquía, nuestro próximo destino era Italia. Decidimos ingresar a la tierra de nuestros abuelos por el norte. Mas precisamente por Bolonia, ciudad en donde estuvimos un día y medio. Bolonia en realidad era la excusa para conectar con Florencia, no estaba en nuestra lista de lugares por recorrer.

Antes que nada debemos decir que Bolonia es lugar muy pintoresco y ordenado. Con una plaza principal preciosa, sus antiguas torres, la basílica de San Petronio y muchísimas galerías con tiendas de todo tipo. Como estuvimos poco tiempo, aprovechamos para recorrer sus puntos más importantes.

Basílica de San Petronio

Piazza Maggiore

Mercatto delle Erbe

Torres de Bolonia

Daytrip: Qué ver en Bolonia

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Distancia desde Florencia:

30 minutos (tren)

Piazza Maggiore

Torres de Bolonia

Basilica de San Petronio

Mercatto delle Erbe

Una reserva más

Cuando uno arma el viaje, y va a estar de paso por algún lado una sola noche, lo lógico es que se busque un lugar medianamente cómodo y económico donde dormir. Eso nos pasó con el Hotel Paradise, ubicado en pleno centro de de Bologna. Sin embargo, este hotel que era uno más en la lista de alojamientos que completaban nuestro viaje, se transformó en motivo de una reseña exclusiva. Aclaración: pagamos la noche!

Llegamos cerca de las 14 horas y la bienvenida fue contundente: “Bongiornoooooo”, se escuchó fuerte en la recepción. Definitivamente estaba en Italia.

El hotel brinda los servicios que ofrece en su web: la habitación es cómoda, agua caliente, calefacción, los amenities bien, ascensores, buena ubicación, sin mayores problemas.

Lo que destaco son los detalles y mensajes que encontraba, casi escondidos, por distintos rincones de la habitación y el desayunador.

Mensajes en la habitación

La primera sorpresa la encontré encima del frigobar. Era una pequeña cajita con globos desinflados, con un mensaje que decía algo así como: “Con un soplido llena un buen día”.

Al lado de esta caja, encontré un bollito de lana para “desarme una feliz, suave, alegre, cálida y colorida bienvenida” Me encantó!!

En mi mesa de luz tenía un sobre con una hermosa historia breve que forma parte del libro “Chocolate caliente para el alma”. Antes de irme a dormir la leí y también fue una suerte de caricia. Al día siguiente, en el desayuno, siguieron las sorpresas. Los sobres de azúcar sonreían todo el tiempo y había papeles atados en distintos idiomas con frases cortas. A mí me toco la siguiente: “El infierno es la ausencia de la gente que amamos, ¿Qué opinan?

Mensajes en el desayunador

La dueña también dejó su creatividad en la cocina, para disfrutar del desayuno.
La receta del hotel
  • Huevos para darnos un mejor día
  • Leche para sentirnos como en casa
  • Harina para darnos suavidad
  • Azúcar para endulzarnos
  • y chocolate para darnos nuevas energías.
Adivinanza en la pizarra

Y por último, al lado de mi mesa, había una pizarra con un acertijo. A ver si lo adivinan…¿Qué es lo único que se puede agarrar y no se puede arrojar?

Así es: la comida. Esto me resulto una buena manera de pedirle a los huéspedes que no se sirvan algo que no van a comer. Observando las mesas de mi alrededor, puedo asegurar que surtió efecto.
Luego de varios años de trabajar en el sector turístico y ser huésped en hostels y hoteles de todo tipo, esto sí que no lo esperaba. La dueña del hotel logró captar aquellas cuestiones que muchas veces deseamos como viajeros, y que tienen que ver con la calidez de estar “como en casa”.