Nunca imaginé escribir un post sobre un viaje de estas características. ¿Qué chances había de viajar nuevamente a India para subirme a uno de los pocos trenes de lujo que están aún en funcionamiento?  La verdad, no muchas. Pero nunca se sabe por los caminos que te lleva la vida y aquí estoy, compartiendo una de las experiencias de viaje más lindas que me tocó vivir.

Decir que fue una linda experiencia es quedarme corta. Viajar a bordo del Golden Chariot fue como ser parte de una de esas historias que suceden en los trenes de época, donde los tiempos eran otros, donde por los pasillos de los coches sucedían cosas y se escuchaban pasos, donde el mundo podía caber en la ventana del camarote. Esa era la magia que se respiraba a bordo.

Duración del viaje 🚂

Atractivos visitados 📍

Crew de este viaje 📸

Comenzamos

Descubriendo un país, su gente, su vida y sus costumbres.

A bordo

A esa escenografía digna de una obra de teatro se le sumaba el servicio y la atención al detalle de cada uno de los empleados. Está claro que no soy una persona que esté acostumbrada a ese nivel de servicio a todo momento pero debo confesar que me ayudó a poner mi mente en blanco. No tenía nada, absolutamente nada en qué preocuparme. Los días se presentaban así:

Amanecía temprano, siempre cerca de las 7 de la mañana. Los horarios quedaban claros desde la noche anterior, cuando se realizaba un último anuncio colectivo por los parlantes del tren, informando las actividades a realizar y la hora del desayuno. Despertar era un verdadero placer para mi porque dormía con las cortinas del camarote abiertas y eso me permitía abrir los ojos con las primeras luces. Sentía que no podía perder la preciada oportunidad de ver la vida al costado de las vías, de observar los pueblitos por donde íbamos pasando. Necesitaba llevar esas postales conmigo siempre. Me sentía muy agradecida durante esos primeros minutos del día. Esa energía me acompañaba por horas.

Caminar esos pasillos angostos con el tren en movimiento era como viajar unos 70 años atrás. Y no es que sea exagerada, es que soy una persona nostálgica, incluso de aquello que no viví. La sensación de ir de coche en coche, de ir sujetándose de las paredes laterales para no perder el equilibrio tenía su encanto.

El ruido del andar del tren y la bocina eran parte de todo aquello que relato. No molestaba, al contrario. Era lo que toda persona ansiaba escuchar. Esos sonidos remiten a tantas cosas, a todo lo simbólico que se esconde detrás del tren. Y esta, tal vez, era una percepción muy mía porque, para mí, un tren de larga distancia, con camarote, circulando a alta velocidad por las vías era algo así como un sueño. Y en los sueños o en el imaginario (que es casi lo mismo) los trenes llevan esos sonidos de una estación a otra.

Eso me parecía un detalle que no quisiera pasar por alto. Todos, pero todos los que trabajan en ese tren son observadores. Saben al segundo día de tus preferencias, te sugieren aquello que creen que te va a gustar y buscan la manera de que disfrutes al máximo de esos minutos en el comedor. Lo hacen porque es parte del estándar del servicio pero, por sobre todas las cosas, lo hacen porque se sienten orgullosos de sus sabores y cocciones. Una gran parte de la experiencia de viaje en India pasa por la gastronomía y ellos lo saben.

LA CARTILLA DE VIAJE

Antes de cambiarme, leía una especie de cartilla donde se indicaban las actividades a realizar y el código de vestimenta. Esta cartilla la dejaban todas las noches al pie de la cama. De esta manera resultaba fácil poder organizarse al día siguiente. Una vez lista, emprendía la caminata por los coches hasta llegar al coche restaurante.

Luego del desayuno, no quedaba más que agarrar las pertenencias personales y prepararse para dejar el tren por unas horas. El punto de encuentro era la plataforma de la estación donde nos deteníamos. Si bien estábamos poco tiempo en cada estación, todos aprovechamos para sacar fotos, para conectar un poco con la realidad por fuera del tren. Las estaciones no me parecieron muy caóticas. Algunas estaban muy lindas decoradas, otras no decían mucho, pero todas tenían vida y movimiento. Cuando dejábamos la estación, nos subíamos al micro y comenzábamos las actividades programadas. Mientras eso ocurría, el Golden Chariot permanecía en las vías de paso o intermedias hasta las primeras horas de la tarde noche.

Dejábamos el tren para subirnos al micro que nos llevaba a los atractivos más importantes de la ciudad. Algunos estaban a más de una hora de distancia. Nos recibía un guía local, quien nos iba contando sobre la ciudad, los sitios que visitaríamos ese día y algunos datos de color. Los guías acompañaban y ordenaban siempre el recorrido, tarea que no era nada fácil considerando que éramos muchos y bastante inquietos. Todos los guías eran verdaderos profesionales, conocedores de la historia, cultura y religión del sur del país.

GOLDEN CHARIOT
PRIDE OF SOUTH

Bengaluru – Mysore

Srirangapatna – Kabini

Hassan – Belur

Halebid – Shravanabelagola

Hospet – Hampi

Badami – Pattadakal

Goa – Bengaluru

Cuando el tren se detenía

Además de los guías, siempre nos acompañaba a sol y a sombra nuestro querido Prakash. Era la primera persona que veíamos al salir del camarote y, probablemente, también la última. Nos esperaba en cada atractivo, nos daba la bienvenida al bus y se aseguraba que todos estuviéramos a bordo del Golden Chariot en tiempo y forma. Día tras día se ganaba nuestro cariño. Nuestro viaje no hubiera sido igual sin él. Creo que en cierto punto él también se divertía mucho con nosotros. Estar siete días a bordo del tren plantea una convivencia particular y te permite conocer un poquito al menos a la gente que te acompaña.

Todos los días visitabamos atractivos y sitios patrimoniales de jerarquía. Si bien había leído sobre muchos de ellos en la universidad, nada se compara a verlos, a comprender su relevancia cultural e histórica, no sólo para India sino para el mundo. Culturas milenarias, creencias y miradas tan distintas a las nuestras…por momentos me parecía mentira estar frente a todo eso. El itinerario que acompaña el viaje en tren es variado: se visitan áreas naturales, palacios, templos, plantaciones de café y playas.

Cada día almorzábamos en un lugar distintos, pero siempre con la impronta de la gastronomía del sur de India. Algunos de los platos más populares son el Bisi bele bath, Ragi rotti, Akki rotti, Saaru, Vangi Bath, Khara Bath, Kesari Bath, Davanagere Benne Dosa, Ragi mudde y el Uppittu.

Esta es una de las regiones de India con mayor cantidad de vegetarianos, razón por la cual me resultaba muy fácil encontrar algo para comer. El sistema de comidas fuera del tren era generalmente de Buffette, donde cada uno se sirve lo que quiere. Es difícil distinguir lo picante de lo no picante y siempre que tenía la oportunidad pedía que los sabores fueran lo más suaves posible. No siempre lo lograba.

Los días terminaban cerca de las 19.00 hs, cuando era hora de volver a la estación y al tren. Cada uno subía a su coche, el cual estaba perfectamente identificado. El mío era el Sangama C. En la puerta nos esperaba la persona responsable de velar por el servicio dentro de nuestro coche y tenía a cargo los cuatro camarotes.Nos esperaba con una bandeja de jugo fresco y toallas húmedas para entrar frescos al tren. Nuevamente comenzaba el hechizo de un servicio 5 estrellas.

Hora de dormir

El tren tiene una decoración clásica pero muy cómoda para lo que significa viajar en tren durante 7 días. Imaginen que la anchura de un tren es limitada y que dentro de ese espacio se deben acomodar dos camas, una mesa de luz, un baño, un pequeño placard y el pasillo de circulación. Yo dormía sola en mi camarote porque era el último viaje de la temporada y había poca gente a bordo. Eso hizo que el viaje fuera mucho más cómodo de lo que imaginé.

La cena comenzaba a las 20.00 y a veces se organizaban actividades a bordo para hacer amena la espera. Una noche vino una mujer a hacer tatuajes de henna (habrán visto que me encantan!), otra noche el Chef brindó una clase de cocina y hasta se organizó un boliche o discoteca a bordo con DJ incluido. Llegar a la cena era hacerlo riendo, recordando algunas anécdotas del día.

Siempre rotaba de mesa y compartía la comida con distintas personas para poder conocerlos un poco más y aprender de lo que hacían. Los platos cambiaban todas las noches pero siempre se mantenía el esquema Vegetariano – No vegetariano. El Chef circulaba por las mesas para asegurarse que en el plato había algo tradicional del país. yo siempre aceptaba sus sugerencias pero en pequeña escala para no derrochar comida. Yo le intentaba explicar una y otra vez que en mi país la comida no se sirve muy condimentada y que por eso me costaba tanto acostumbrarme a los sabores picantes o invasivos. No se si me entendía pero asentaba con la cabeza o, en su defecto, movía la cabeza de izquierda a derecha, haciendo lo que se conoce como “Indian Bobble Head”.

Indian bobble head

Esto no es una burla ni mucho menos. El indian bobble head es un movimiento de cabeza que tiene mucha importancia en la comunicación no verbal con un indio. De hecho muchas veces me pregunté “¿Me está diciendo que sí? ¿Me está diciendo que no? ¿Tal vez piensa que lo que pregunto está fuera de lugar?”. Bueno, luego de tres viajes puedo decir que logré comprender qué significa cada movimiento de cabeza. Aquí un instructivo

Luego de la cena y la sobremesa, era momento de dormir. Siempre era una incertidumbre apoyar la cabeza en la almohada porque el tren podía moverse poco o mucho, tener paradas técnicas en varias estaciones o hacer sonar su bocina de forma insistente en cada cruce. Mim promedio fue 50% y 50%. Algunas noches el movimiento era como una cuna mecedora y el descanso fue perfecto. Otras noches fue un poco más difícil dormir pero finalmente lo lograba.

Antes de ir a la cama me duchaba. Intentaba hacerlo cuando el tren se detenía en alguna estación pero no siempre era posible. Bañarse en movimiento es algo poco usual pero no imposible. Lo importante era tener todo a mano y recordar que siempre estaba la posibilidad de atajarse de la baranda de baño que más de una vida habrá salvado. Pero insisto, todo esto tiene su encanto y cuota de diversión.

Luego me sentaba a escribir en el pequeño escritorio debajo del televisor. Si bien no suelo escribir diarios, en este viaje me propuse hacerlo para estar 100% focalizada en la experiencia y atenta a todo lo que podía registrar. El día no terminaba cuando se apagaba la luz, sino cuando lograba apagar mi cabeza. Por unos minutos visualizaba el mapa e imaginaba el recorrido del  tren, los pueblos oscuros allá afuera y, de alguna manera, mi mente se desplazaba con mi cuerpo, cosa que no se puede hacer en otros medios de transporte, como en el avión.

A bordo del Golden Chariot las distancias eran un poco más reales, más terrenales. Viajar en tren te permite sentir el desplazamiento de otra manera. La mente asimila el movimiento, el recorrido, las partidas y las llegadas. Cada estación era algo nuevo, pero con  el agregado del viaje, del trasladarse por las extensas vías indias de una ciudad a la otra.

Ultimos apuntes del Golden Chariot

El gigante sobre rieles que recorre toda la India

El Golden Chariot es uno de los trenes de lujo que recorren India junto con Palace on Wheels, Deccan Odissey, Maharaja’s Express. De todos ellos, el Golden Chariot es el único que lo hace en el sur de India. Tiene dos recorridos. Ambos recorren gran parte del estado de Karnataka, sobre el cual escribiré en breve.

Algunos datos

  • 11 coches de pasajeros, con camarotes doble twin y doble matrimonial, single y triple.
  • Equipados con WiFi, televisor y baño ensuite.
  • La decoración de los camarotes y los coches de uso común está inspirada en el estilo arquitectónico de Mysore y Belur Halebidu, dos de los principales destinos del recorrido del tren. Eso me gustó mucho porque da la sensación de estar embarcado en un viaje en el tiempo.
  • Hay un coche bar llamado Madira, donde se sirven todo tipo de tragos y bebidas. El bar permanece abierto hasta que se sirve el último trago.
  • Cuenta con dos coches restaurantes: Nala y Ruchi. En ambos se sirven platos de la cocina del sur de India y platos continentales.
  • Aire acondicionado en todos los camarotes y áreas de uso común.
  • Un asistente disponible por coche 24/7.
  • La calidad de la gastronomía es indiscutible. Es asombroso ver el proceso de elaboración de tantos platos en cocinas tan pequeñas. Con el permiso del Chef pude conocer las dos cocinas. Hay una cocina para cada tipo de comida: India y Continental. Todo se prepara con hornos, hornallas, freidoras y equipamiento eléctrico, dado que no hay gas en el tren. Los equipos en la cocina y en el salón están continuamente sincronizados para brindar un servicio de excelencia continuo.
  • Se ofrece servicio de lavandería en algunas de las ciudades del recorrido. Esto lo avisan la noche anterior para que el pasajero pueda dejar lista la ropa para el día siguiente.
  • En uno de los coches hay un Spa ayurvédico, un gimnasio y un business center para trabajar. En general estos espacios se usaban durante las tardes libres en el tren o en los trayectos de viajes largos.

En resumen

Este viaje fue increíble y no es una frase hecha. La calidad del servicio, la jerarquía de los lugares que se visitan, la calidez de la gente, la excelencia gastronómica, todo, absolutamente todo esto hace del Golden Chariot un producto único, una experiencia como pocas para recorrer India. Y abre la puerta a una forma distinta de viajar sobre rieles.