Relatos de viaje | Causalidades en Betanzos, Galicia.

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Este post esta especialmente dedicado a una amiga, Pilar Pita Barral, quien probablemente nunca imagine lo importante que fue para mi conocerla. No creo en las casualidades, más sí en las causalidades y de esto se trata mi relato de viaje hoy.

En junio de este año emprendí un viaje por demás especial. Decidí conocer Betanzos, un pequeño poblado situado en Galicia, al norte de España. Tenia curiosidad por ir a la tierra de mis bisabuelos, donde luego vivió mi abuelo antes de migrar hacia la Argentina.
Hasta entonces no tenía ningún contacto o referencia de familiares en el lugar y sólo llevaba conmigo un plano hecho a mano alzada por mi abuelo, unos días antes de mi partida. La única calle que él recordaba con seguridad era la Cruz Verde. Allí vivió durante varios años y hacía allí fui. Luego me enteraría que en realidad no vivió en esa calle, sino en otra que sabía llamarse Cruz Verde y luego cambio de nombre. Pero esta será una señal más de que efectivamente tenía que estar allí.
Era una tarde de verano. Había pasado gran parte del día en la Praia de Gandarío y el Parque do Pasatempo, esperando a la caída del sol para recorrer el caso histórico de Betanzos. Una vez allí, me dirigí hacía la Cruz Verde y como no tenía certeza de la altura exacta donde vivió mi abuelo, comencé a sacar fotos a todas (si, todas) las fachadas de las dos cuadras que abarca la callecita en cuestión.
De repente, en medio de mi particular tarea, escucho una voz detrás de mi espalda: “¿Es que te gusta tomar fotografías de casas viejas?” Con cierto asombro me dí vuelta e intenté explicarle lo que estaba haciendo. Luego de mi justificación, nos presentamos y Pilar agregó: “Mi madre vive aquí enfrente, podemos consultarle a ella por la familia de tu abuelo“.
A los pocos minutos, Pilar me había presentado a cuatro vecinos de la cuadra. “Esta chica está buscando sus orígenes” replicaba de balcón en balcón. Las sensaciones de gran emoción y alegría se mezclaban. Me sentía muy a gusto en ese momento. Respiraba la atmósfera de un pueblo con gente de buen corazón.
Sin obtener resultados positivos, Pilar me acompañó hasta el museo y archivo general de la ciudad, donde me regalaron un libro que ya es propiedad de mi abuelo. Con poco más que hacer, intercambiamos correos electrónicos y promesas de escribirnos nuevamente. Lo que nunca imaginé fue  su gran voluntad y excelente predisposición en ayudarme a construir mi árbol genealógico.
Hoy, después de cinco meses de aquel oportuno y causal encuentro, estoy en contacto con parte de mi familia betanceira. Esta pequeña gran detective rastreó apodos, fechas y datos sueltos hasta dar con ellos. Lo destacable es que lo hizo sin ningún tipo de compromiso o interés particular. Ella sólo quiso ayudarme, y por cierto lo hizo.
Hoy Pilar esta pasando por un momento difícil y es mi deber tratar de sacarle una gran sonrisa, la misma con la que me hablaba aquella tarde.
Por eso me decidí a escribir este breve relato, para agradecerle y enviarle las mejores energías. 
Gracias Pilar por acompañarme en uno de los viajes más hermosos que pudiera realizar: el viaje hacia mis orígenes. 

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